%@LANGUAGE="JAVASCRIPT" CODEPAGE="1252"%>
Moni...
No puedo acompañarte más cerca de lo que estoy ahora, tampoco por teléfono, otros lo hacen mejor, pero puedo hacerlo desde acá.
En realidad el que te dejes ver "cansada" abre puertas para poder acompañarte (podría aplicar este pensamiento para mi jejeje)
No se si querés o tenes ganas, pero te comparto el anuncio que estoy escribiendo ahora hermanita querida...
Aunque extraño tu sonrisa, te acompaño "en tu ahora" y "en tu hoy"... no estás sola!!!!
Durante este tiempo de evangelización y oración que estamos viviendo fuimos experimentando entusiasmo, alegría, fuimos descubriendo la presencia de Dios VIVO y verdadero en la oración y en la vida comunitaria, renovamos nuestra esperanza, la paz y el valor de la vida testimonial.
Pero también fuimos o vamos pasando por otras experiencias contrarias
como el “YO NO PUEDO” del desaliento, el “ESTO ES MUCHO PARA
MI” de la desesperanza, inquietudes, pesimismos… tal vez no descubrimos
retrocediendo, o cayendo en situaciones pasadas que creíamos superadas…
Entre aquellas y estas, vamos pasando por distintos estados interiores… vamos
y venimos… “vivimos” continuamente pasando por ellos…
Debemos APRENDER a discernirlos, a discernir estos estados interiores, es necesario que lo hagamos, para poder valorarlos justamente, aprovechas los positivos y resolver los negativos.
Estos estados interiores se forman en nosotros por causa de nosotros mismos
y por nuestra naturaleza, aquello “que somos”.
En nuestra naturaleza actúa DIOS pero también lo hace el tentador.
Lo que hacíamos la semana pasada… ¡Descubrir que camino
soy en el que cae la semilla del sembrador!
Cuando nos dedicamos a la oración, ésta nos cuestiona,
nos pone frente a nosotros mismos, a lo que decimos y a lo que vivimos, a como
vivimos, a nuestro decir y nuestro hacer.
El “escuchar a Dios” nos pone frente a decisiones que
debemos tomar, opciones a decidir.
Dios quiere transformar nuestra vida pero el pecado que vive en nosotros no
y mucho menos que oremos. Nos va llegando el tiempo de discernir, de descubrir
que camino debemos transitar.
El discernimiento es un Don, una Gracia que nos da Dios para NO CONFUNDIRNOS.
Es preguntarnos ¿Dónde me lleva esto que estoy haciendo? Es ver
un paso más allá y descubrir por donde pasa la voluntad de Dios
para poder seguirla.
¿¿¿¿¿ES DE DIOS?????
Es orientar mis decisiones al proyecto de Dios para mi vida. ROMANOS
12, 2
Que mi vida pueda identificarse con la de Jesús.
Y desde acá vamos a descubrir dos estados básicos en los que
vivimos y nos vamos moviendo… LA CONSOLACIÓN Y LA DESOLACIÓN.
Estados que es muy importante conocer porque desde ellos podemos optar… y
no es lo mismo hacerlo desde uno de ellos que desde el otro.
En la CONSOLACIÓN sentimos una fuerte INCLINACIÓN hacia DIOS.
Estamos movilizados a AMAR, a CREAR y a SERVIR.
Experimentamos el valor de la entrega por el otro, por la comunidad y por DIOS.
Algunas situaciones especiales como Retiros, Jornadas, reuniones comunitarias,
oraciones personales, encuentros con otros hermanos, un llamado, un mensajitos… provocan
este estado de consolación…
Y otras veces es un estado provocado solamente por DIOS, sin una causa o motivo
más allá que el mostrarnos cuanto nos ama.
En la DESOLACIÓN ocurre todo lo contrario.
Se siente oscuridad, tristeza, desesperanza, falta de amor e inclinación
al pecado. ES UN ESTADO DONDE PREDOMINA EL PESIMISMO.
Desde este lugar es importante NO CAMBIAR NUESTRAS DESICIONES DE VIDA que tomamos
en otros momentos. El demonio suele inspirar y confundir, tiende a guiarnos
por el camino incorrecto.
La DESOLACIÓN es el lugar del SIN AMOR.
Pero, DESCUBIRENDONOS en este estado podemos sacarle provecho… leer
la Palabra, insistir en la oración personal y
comunitaria, la vida sacramental, la eucaristía y
la comunión, el compartir fraterno, la vida comunitaria, la compañía
pastoral… ES UN TIEMPO DONDE PODEMOS FORTALECER NUESTRA PACIENCIA,
NUESTRA ESPERA.
Un tiempo que nos invita a CONFIAR en la VIDA DE LA GRACIA y de PROFUNDIZAR
EN LA HUMILDAD.