Una de las palabras del Evangelio más impactantes, donde se ve claramente la misión de Jesús en este mundo, es: Lucas 7, 22-23 "Vayan a contar a Juan lo que han visto y oído: Los ciegos ven, los paralíticos caminan, los leprosos son purificados y los sordos oyen, los muertos resucitan, la Buena Noticia es anunciada a los podres y Felíz para quien yo no sea motivo de tropiezo".
Cada vez que la leo, la oro o me es anunciada, me convenzo más que la tarea educativa es una misión.
La palabra "misión", según los distintos diccionarios deriva de "Missio o Mis" acción de enviar", tiene otras acepciones: "Para que vaya a desempeñar algún cometido", "conjunto de sermones que predican los misioneros", "comisión especial otorgada por un gobierno diplomático o agente especial", etc. Y misionero: "Quien predica el evangelio en las misiones".
Si nos ponemos a reflexionar, en las distintas actividades que tiene un educador, evidentemente "somos enviados a...", "desempeñados también algún cometido... ", "nos otorgan una facultad especial para..." Y más aún nos convertimos en misioneros, si cumplimos nuestra tarea y anunciamos con nuestra vida el Evangelio.
Si volvemos a la palabra inicial, me preguntaba y me adiraba ante el hecho de que ¡Cuánto podemos identificar la Misión de Jesús con la misión del educador!
Surgían en mi interior estas preguntas:
¿En qué situaciones ayudé o puedo ayudar a que un alumno vea la realidad que lo rodea o le toca vivir, iluminando a través del conocimiento lo que le sucede o esta estudiando?
¿Cuántas veces a través de mis actitudes los he ayudado o puedo ayudarlos a caminar, orientando un acontecimiento o señalando actitudes que los paralizaban?
A los que son dejados de lado, por diferentes condiciones de vida, ¿En qué oportunidades los he animado o los animo a integrarse con los demás?
¿Cuántas veces mis palabras han destapado o destapan y clarifican conceptos y enriquecen el discernimiento?.
A través de mi vínculo con ellos, ¿Qué les transmito?. ¿Puedo decir que mis palabras y actitudes transmiten vida?
Es realmente fascinante ver que en nombre de Jesús, especialmente el educador católico, puede hacer de su trabajo que es instruir y formar transformar la tarea educativa en una misión que trasciende lo meramente laboral.
De ahí que en los momentos tristes y dificultosos de la vida diaria del educador esto se tiene que hacer fuerte en su interior.
Recuerdo las palabras de M. Gandhi: "Tenemos demasiados hombres de ciencia, demasiados pocos hombres de Dios. Hemos captado los misterios del átomo y rechazaco el Sermón de la Montaña".
Instruir, enseñar, formar, orientar. Podríamos agregar trascendiendo la tarea educativa: sanar, curar, liberar, ser luz y dar vida con la ayuda de Jesús.
Creo firmemente que esta ciencia que estamos llamados a transmitir debe ser bañada con las Bienaventuranzas y esto es posible, es un desafío que hoy más que nunca tenemos que enfrentar.
Depende como me paro o me sitúo frente a mi tarea, o soy un "trabajador de la educación" como se expresa actualmente, o un instructor, o un educador formador. O además de todo esto que ya de por sí es hermoso, miro con trascendencia mi tarea y la realizo con Jesús, haciendo en mí carne la Palabra Marcos 16: "Vayan por todo el mundo anuncien la Buena Noticia a toda la Creación... "
De esta manera además de educadores nos transformamos en discípulos.
Pro. Lic. Graciela Bordes de Lynch Pueyrredon
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