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Así
como la lluvia y la nieve descienden del cielo y no vuelven
a él sin haber empapado la tierra, sin haberla fecundado
y hecho germinar, para que dé
la semilla al sembrador y el pan al que come, así sucede con
la palabra que sale de mi boca: ella no vuelve a mí estéril,
sino que realiza todo lo que yo quiero y cumple la misión que
yo le encomendé. (Is. 55. 10-11). Y
el fruto de
Su Semilla tuvo un nombre: Raboní,
Mi Maestro y
fue fraternidad para la evangelización del docente y la docencia.La nuestra es una historia de búsqueda común y encuentro con el otro. Todos somos docentes vinculados fuertemente a la educación católica, miembros además de Comunidades del Movimiento que fuimos experimentando cómo en muchas de nuestras escuelas se iba perdiendo el vigor y el latir al ritmo del evangelio de Jesús. Ïbamos sintiendo la necesidad de hacer de Jesús centro de la vida y que él debía entonces estar presente en todas las dimensiones de la ella. Sin embargo veíamos y vemos en las escuelas mucha preocupación por la coyuntura, búsqueda de respuestas técnicas copiadas de modelos dudosos, pérdida de sentido y horizonte, etc. que le fueron haciendo perder la riqueza, la frescura y la libertad a una escuela cuya misión fundamental y aspecto diferenciador es la evangelización del hombre a través de la educación. La pregunta que nos hacíamos era ¿Puede una escuela plantearse un proyecto evangelizador si sus miembros no están enamorados del evangelio, ni se lo plantean como eje de sus vidas? Qué triste nos resultaba constatar la indiferencia que muchos de nuestros alumnos expresan frente al seguimiento de Jesús después de haber pasado tantos años en instituciones católicas! Frente a esta realidad el Maestro no se queda quieto y entonces nos convocó y nos fue anunciando la misión. Nos mostró a María Magdalena como modelo de conversión, búsqueda e identificación con Jesús. En comunión con su experiencia de encuentro y reconocimiento de Jesús nosotros también nos sentimos llamados y vivenciamos que lo que estaba dentro, sembrado, pedía salir, y fue así que en un ambiente definido por varias formas de muerte reconocimos la voz del Resucitado que nos llamaba a poner la vida en marcha desde la educación y desde el corazón de los educadores. Gracias a este llamado hemos recorrido muchos colegios llevando nuestra propuesta de talleres de evangelización. Ya más de 1000 docentes han escuchado la voz de un Señor que propone una pedagogía de abrazo y misericordia, que es ocasión y expresión de Encuentro, Redención y Fiesta. Raboní es para nosotros un motivo permanente de conversión, la estructura y contenido de cada taller surgen después de haber orado y compartido lo que Jesús Raboni nos movió en el corazón a cada uno. Orar, compartir, anunciar la Palabra, descubrir el paso de Dios en cada situación escolar es el eje sobre el cual intentamos girar y lo que vamos recogiendo luego de cada experiencia que a su vez, nos vuelve a enseñar y a impulsar. Más allá del crecimiento de la propuesta cada vez que nos reunimos una cosa le oramos al Señor: No adueñarnos de su proyecto y dejarnos conducir por la creatividad del Espíritu. Claro que también en este camino nos ha tocado cargar la cruz y en el misterio que esto representa una de nuestras hermanas fue llamada por el Señor a su presencia. Alicia Fernández después de una dura enfermedad tomó su lugar en el Reino y desde allí nos precede y sostiene con su intercesión. Dios quiera que las semillas que el Señor ha sembrado en los corazones de sus hijos se sientan inquietas y comiencen a dar fruto de transformación en un mundo que se nos ofrece como tierra de misión, enmarcadas en la experiencia comunitaria y sostenidas por el Anuncio de la Palabra: nuestro carisma y nuestro sentido. |